2 ene. 2011




Nuestra aventura empezó el 22 de abril de 2009 cuando fuimos a solicitar turno para casarnos en el Registro Civil y, al recibir la negativa, presentamos un Recurso de Amparo en los tribunales de lo Contencioso Administrativo de la ciudad de Buenos Aires, que recayó en el juzgado de la Dra. Gabriela Seijas, quien el 10 de noviembre del mismo año falló a favor de nuestro reclamo, un fallo histórico, el primero en Latinoamérica que declaró inconstitucionales los artículos 172 y 188 del Código Civil, en cuanto limitaban el matrimonio a personas de distinto sexo, fallo que finalmente no fue apelado y a partir de ese momento contamos con una sentencia firme, cosa juzgada.
Es así que fijamos la fecha para casarnos el 1ro de Diciembre de 2010 (Día Mundial del Sida) pero el Jefe de Gobierno, Mauricio Macri de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires decidió desconocer la autonomía de la ciudad y desobedecer el fallo de Seijas ratificado nuevamente, incluso después de la imposición de medidas cautelares de extraña jurisdicción que se presentaron fuera de todo plazo procesal y que frenaban momentáneamente el ejercicio de derechos legítimamente conquistados, generando también una gran desconfianza en la seguridad jurídica de nuestro país, ya lo que nos había pasado el primero de diciembre no solo produjo la tristeza de millones de personas que se sentían dolidas porque dos personas con las que se empezaron a identificar a través de los medios, no pudieran concretar su sueño, sino que además pesaba el manoseo de nuestras instituciones democráticas que finalmente a las ordenes de grupos de poder homófobos, xenófobos y fascistas cedían y se subían a la ilegitimidad con tal de no permitir que todos y todas seamos realmente respetados en nuestra libertad y dignidad en igualdad de condiciones.
Cinco días después que nos frustraran la posibilidad de ejercer -en la Ciudad de Buenos Aires- nuestro derecho a matrimonio, frustrados pero concientes de nuestros derechos fundamentales garantizados en la Constitución Nacional y con muchos años de militancia en defensa de los derechos Humanos, decidimos cambiar la historia de las desigualdades en Argentina y traer de regalo la igualdad antes de fin de año, como lo habíamos prometido, y cumplimos.
Esa noche le consultamos a nuestra abogada, Carolina Von Opiela, quien diseño y escribió la estrategia que permitiría el primer el fallo de la justicia en la Ciudad y confiados en su asesoramiento resolvimos buscar ese lugar de la Argentina donde seria posible ejercer plenamente nuestra ciudadanía.
Destino: Ushuaia, Tierra del Fuego. Ciudad cuyo lema sin lugar a dudas confirmaba que estábamos en el camino correcto, “Ushuaia fin del mundo, principio de todo”.
Tenía que terminar ese año con un primer matrimonio igualitario, con el que gran parte del país había puesto su atención, sobre el que muchos habían hablado, discutido en sus casas, con su familias, con sus compañeros de trabajo, en el bar, en la universidad, en la escuela, la pareja que todos habían acompañados viéndonos en complicidad besándonos al cierre de cada nota en TV, abrazados en cada foto en los diarios, con la que todos se miraban mirándonos a los ojos, festejando orgullosos nuestro amor.
Y los tiempos se aceleraban y si bien podíamos llegar a imaginarnos los acontecimientos venideros en nuestro país luego de haber conquistado el derecho a casarnos, sabíamos –nuestra abogada y nosotros- que entrar al año del bicentenario con el primer matrimonio de Argentina era un paso crucial para preparar el mejor de los festejos.
Durante una tensa semana en Ushuaia, con la mayor discreción posible, solos, sin dinero, y en situaciones inenarrables (por ahora), con la presión de la feria Judicial que entraba en curso a partir de enero y gracias a la decisión audaz, valiente y noble de la Gobernadora Fabiana Ríos, que aventuraba ya un comienzo de año que honraba al bicentenario de nuestra Patria, aquella que soñaron quienes entendieron que sólo los pueblos serán libres si observan el sagrado dogma de la igualdad como enunciaba Mariano Moreno, pudimos finalmente casarnos a las a las 16:30 horas, el 28 de diciembre de 2009, día de los inocentes. Luego, gracias a la estrategia jurídica de la FALGBT (Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans), se celebraron otros 8 matrimonios entre personas del mismo sexo por vía judicial.
Un año después en la Argentina, ya ninguna pareja tiene que viajar tres mil kilómetros para poder casarse en Ushuaia, de hecho hoy hay unos mil matrimonios igualitarios celebrados en todo el país-
Nuestras familias necesitaban que sus derechos fueran tenidos en cuenta y enunciados en letra viva, el respeto a la libertad y dignidad en igualdad de condiciones, sin discriminación, es el pilar fundamental de la democracia, no solamente la división republicana de los poderes y el sufragio universal y esta claro que este fue el debate que dimos como sociedad los argentinos y argentinas estos últimos años cuando nos referíamos a si se apoyaba o no la posibilidad de acceder al matrimonio civil a las parejas de personas del mismo sexo; se debatía si en estos 27 años de democracia habíamos madurado lo suficiente para respetar la libertad y dignidad en igualdad de condiciones de millones de hermanos y hermanas, que estábamos excluidos, viviendo en una ciudadanía trunca, renga. Todos seremos libres cuando cada uno sea libre.
Y finalmente, el 5 de mayo de 2010, la Cámara de Diputados aprobó un proyecto de ley modificatorio del Código Civil que permite el matrimonio entre personas del mismo sexo por 126 votos a favor frente a 110 en contra y seis abstenciones; y alrededor de las 4 de la mañana del día 15 de julio de 2010 el Senado aprobó el dictamen de modificación de la Ley Civil de Matrimonio, con 33 votos a favor, 27 en contra y 3 abstenciones, permitiendo el matrimonio entre personas del mismo sexo, tal cual había sido sancionado en Diputados.
Tal como lo anunciamos el primero de diciembre de 2009: “nos vamos a casar antes de fin de año” y tal como se lo expresamos a Diputados y Senadores antes de la votación: “señores/as: ustedes ya no podrán votar sobre si las parejas del mismo sexo se pueden casar o no, sólo van a poder decidir en cuestiones de igualdad, si lo podrán hacer sólo aquellos valientes que inicien un proceso judicial, con todos los costos que eso significa, o si van a poder hacerlo todos y todas. Prometimos y cumplimos.
Los mismos derechos, con los mismos nombres.
Y Argentina hoy es un país mejor.
CONTACTO:
alexyjosemaria@gmail.com

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