28 sept. 2014



Nosotros, ciudadanos argentinos que habitamos la Ciudad de Buenos Aires, somos para Mauri “la gente”, ese agrupamiento amorfo viscosamente homogéneo que él puede seducir con globitos y remeras coloridas y a quienes puede convencer, sin gran esfuerzo, que Él representa y gobierna a favor del interés del conjunto.

Contando con la paciencia de mis amigos y conciudadanos quisiera poner a su consideración algunas ideas sueltas al respecto:

Cuando Mauri habla de “gente” habla de “nosotros”, la clase media de Buenos Aires.
Mucho se ha opinado sobre nosotros, a favor y en contra.
Yo solamente quiero señalar algunos aspectos sobre nuestro comportamiento al momento de elegir quién nos gobierna.

Creo que la ciudadanía de Buenos Aires decide conforme a lo que cree conveniente en cada ocasión. Fue radical; votó a Menem; votó a Ibarra y también a De la Rúa. Le bajó el pulgar a Lilita y luego la promocionó. No hay voto cautivo en la Ciudad de Buenos Aires. Pregunto:

¿Por qué entonces Mauri, que triplicó tasas e impuestos; que arma negociados con contratos municipales y endeuda el patrimonio de la Ciudad en forma nunca vista; que dificulta la circulación de nuestros automotores con la imposición de la europea moda de la bicisenda; que incumple el presupuesto votado por la legislatura; que frena la ampliación de derechos ciudadanos al no poner en funciones a las comunas; que organiza fuerzas represivas (Metropolitana); que desfinancia la educación y los hospitales públicos…, por qué logró tanta adhesión electoral?

Pienso que las razones son múltiples. Sólo arrimo alguna sencilla opinión:

Creo que nosotros, los sectores medios, vimos en “Mauri” “lo nuevo”, “los equipos técnicos”, “los profesionales jóvenes” que nos sacarían del estancamiento producido luego del conflicto con Ibarra y más luego, con el notable asesoramiento de expertos, incidió solapadamente sobre nuestros miedos y prejuicios y logró que percibiéramos como un peligro para nosotros al “populismo kirchnerista” a quien identificamos como resabio de aquel fantasmagórico “peronchismo”.

Hace 20 años creíamos que 1 peso era igual a 1 dólar.
Ayer soñamos que Mauri sería el “Giuliani” del Plata que expulsaría a los indeseables y construiría una ciudad para gente como nosotros.

Mauri desalojó inquilinatos, casas tomadas; mató gente en el Indoamericano; apaleó enfermos y enfermeros; habilitó aulas de chapa;  cambió la mano de calles y avenidas; nos endeudó (y sigue haciéndolo) a costa de las finanzas y el patrimonio de la Ciudad; vendió a sus amigos los terrenos de Catalinas Norte, el Mercado del Plata y consolidó una estructura de negocios a costa de la Ciudad para un selecto grupo de “gente como él”.

A la hora del balance comprobamos que hay entre 15 y 20 mil personas durmiendo todas las noches en las calles de Buenos Aires; que la población de barrios populares y villas se consolidó y aumentó; que el método de expulsión territorial consiste en aumentar tasas, impuestos, valorizar los terrenos y vía compra de propiedades de antiguos habitantes va reconfigurando la Ciudad destruyendo el modelo tradicional de Centro y Barrios cercanos por un generalizado modelo despersonalizado y caótico.

Que el modelo de agresividad excluyente, lejos de asegurar nuestra seguridad, incrementa las tensiones sociales y muchos de nosotros somos víctimas propiciatorias, pues en las zonas exclusivas y barrios cerrados donde viven la gente como ellos la situación es bien diferente.

Creo que desde el sector social al que pertenezco deberíamos repensar la situación en función de nuestros intereses. La clase media actúa como para choque, como mediador y asimilador de los conflictos entre el resultado de las políticas del poder y sus efectos sobre la base social.

Pienso que nos equivocamos al pensar que somos parte.
Maestros, médicos, pequeños comercios, transportistas, empleados y asalariados de diverso tipo y categoría JUNTOS Y EN CONVIVENCIA CON LA CLASE OBRERA en sus diversas expresiones realizamos día a día todos los procesos de la realidad económica

No somos parte, pero somos el soporte de su existencia, son en la medida que existimos

Por eso amigxs, para concretar lo que soñamos de nuestra querida Ciudad de Buenos Aires no olvidemos la mejor herramienta que tenemos, nuestra porteña reflexión y generemos no solo opinión sino que construyamos conciencia y acción.

 ¿Será posible repensar cuáles son las alianzas, con qué sectores sociales es conveniente buscar acuerdos?

No olvidemos los hijos de quién tuvieron que migrar a España e Italia a limpiar letrinas y lavar platos cuando estalló el 2001.

Invito a mis amigos y conciudadanos a pensar y elaborar juntos propuestas posibles para la topada del 2015.

José Maria Di Bello

Precandidato a Legislador por CABA

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