13 oct. 2014




Algunas veces en mi consultorio he ayudado a mis pacientes a diferenciar la vigilia consciente de algún estado de ensoñación percibido como real.
Nunca pensé que iba tener que consultar Yo a mi analista por ese tema.

En estos últimos años volvió a despertar algún interés la crónica del 17 de octubre de 1945, y así, de vez en cuando repaso lecturas de Jauretche, Scalabrini Ortiz, Félix Luna, Hernández Arregui y últimamente descubrí algo que no conocía, “Mi Mensaje”, texto atribuido como auténtico de Eva Duarte.

El domingo último, después de darle de comer a mis hijos que, agotados de sus andanzas se fueron a dormir, sentado en mi sillón comencé a ver un documental acerca del 17. Casi de inmediato me adormecí. Bruscamente desperté y ví sentados frente a mí a una joven menuda, delgada, de pelo rubio y a su lado otro joven morocho, fornido que me miraban sonrientes…

-          ¡Por fin, viejo! – me dice la mujer.

-          Hace horas que esperamos – agregó el hombre.

La sorpresa me atornilló al sillón.

-          ¡La plata está en el escritorio! ¡Llevensé todo lo que quieran pero por favor no asusten a mis hijos que están durmiendo! – sólo atiné a rogarles.
           
La mujer le dice a su acompañante – Che, ¿a éste qué le pasa?

-          Nos tomó por chorros el nabo – contestó el morocho.

-          No, pibe! No! Disculpáme si te asusté, yo te voy a explicar – dijo la rubia.


-          Perdón… ¿ustedes no son ladrones?

-          No, pibe.. no! Te cuento… me dieron tu dirección, me dijeron que sos un tipo confiable y sólo quiero hacerte un par de preguntas…

En ese momento, caí en la cuenta que estaba soñando y como parecía interesante el suceso decidí no despertarme. Para seguir con el juego, me repuse rápidamente, asumí mi rol de psicoanalista y le dije:

-          Bueno, comencemos… digame ¿qué suceso recuerda de su infancia?

-          No, pibe.. de mi pobre vieja si querés te cuento otro día. Arriba me dijeron que vos la tenías clara. Sólo dos preguntas.

-          ¿Arriba dónde? ¿Los del quinto piso?

-          No, viejo… ¡Sos duro vos, eh! No te acordás del Padre Luis, el que te enseñó el catecismo? Muerte – Juicio – Absolución o Condena. Bueno, ¿Sabés qué?, es todo cierto nomás. Pero como allá tienen todo el tiempo del tiempo no hay apuro, ¿viste?.

-          Alto – dije yo – No nos presentamos. Yo soy el licenciado Di Bello. ¿Con quién tengo el gusto?

La mujer rubia dijo: - Yo soy Eva Duarte. Para algunos Evita. Él – refiriéndose al hombre- es Jorge, mi ángel guardián. Me lo pusieron para que no me piante, viste? Es que extraño tanto que siempre quiero volver…

Detrás del sillón en un estante de la biblioteca hay varios retratos. Uno de ellos es esa foto de perfil, el pelo suelto, la sonrisa eterna… Miré atentamente a mi visitante. Era ELLA.

Octubre. Viejas crónicas, documentales y ginebra producen milagros así que me esforcé por no despertar.

Con fingida naturalidad le dije – Te prometo que yo contesto lo que quieras saber a cambio de que vos me contestes alguna pregunta a mí.

-          Me parece bien, che. La cosa es así. El famoso juicio consiste en evaluar qué hizo cada uno por los otros el tiempo que le tocó vivir. El infierno es, en realidad la eternidad del olvido. En el paraíso te sostiene el recuerdo de otros, de los otros por quienes hiciste algo alguna vez.
En el 2003 estaban por terminar las audiencias de mi caso y cuando parecía que me iba hacia la nada, apareció la pareja del sur y se volvió a escuchar allá arriba el rumor de mi nombre.
Quiero saber si a Cristina le importan sinceramente mis nuevos-eternos grasitas-descamisados y además por qué hay tanta expectativa por las próximas elecciones.

-          Eva: Creo que nadie después de vos se ocupó tanto de los argentinos más débiles y desprotegidos, nadie luchó tanto contra el prejuicio y la discriminación y por la promoción de derechos de los socialmente excluídos sin esperar reconocimiento o recompensa, y las elecciones del 2015 son decisivas porque el pueblo argentino decidirá si asume el desafío de luchar por su lugar en el mundo como nación soberana o acepta el rol de dependencia incondicional que los poderosos de afuera y de adentro pretenden imponerle. ¿Se entendió?

-          Clarísimo – asintió Eva.

-          Bueno, Eva… lo prometido es deuda. Contáme vos ahora ¿cómo viste el 17 de octubre de 1945 y por qué te interesa tanto la memoria, que no te olviden?

Después de una larga pausa Eva contestó:

-          Yo creo que el 17 no fue una explosión espontánea de gente temerosa y acorralada por la posibilidad de perder beneficios sectoriales.
     El 17 es el final del combate iniciado por ÈL, mi amor, mi hombre…
Mi coronel y sus camaradas del ejército, que no eran muchos, contra el régimen oligarca, explotador y entreguista que oprimía a la Patria, mataba de hambre, enfermedad, tristeza y humillación a nosotros… los pobres de la ciudad y del campo, la mayoría del pueblo humilde y trabajador.
Yo lo conocí a Perón en enero de 1944. En seis meses de actividad en la Secretaría de Trabajo había acorralado al podrido régimen oligarca.
ÉL y sus camaradas más firmes y patriotas transformaron el golpe de Estado de 1943 en una revolución nacional y popular.
Entonces se formaron dos bandos: los oligarcas, los patrones nacionales y extranjeros, las clases medias, los universitarios, los docentes, los radicales, los socialistas, los comunistas, la embajada yanqui, todos juntos contra Perón.
En el otro bando formábamos nosotros, los pobres, los excluidos, el pueblo humilde y trabajador, los hombres de FORJA, algunos socialistas, algunos anarquistas, algunos radicales y hasta conservadores hubo, militares patriotas, intelectuales honestos, estrecharon fila junto al Pueblo, junto al Coronel, a Mi Coronel…
Después de varios intentos, el bando del antipueblo pudo expulsar a Perón del gobierno el 9 de octubre de 1945. Y tres días después mandarlo preso a Martín García. Sorpresa, amargura e indignación para mi y mi pueblo en esos días.
ELLOS, los de siempre, la raza maldita de los explotadores festejaban, se frotaban las manos, soñaban volver todo para atrás, suponían que todo había terminado.
Su inmenso desprecio por el pueblo no les dejó ver la realidad.
La supuesta calma tapaba el estado de asamblea gigantesca que vivió el pueblo en esos días y cuando todo parecía perdido, la noche del 16 y madrugada del 17 no hubo necesidad de orden alguna, en la cabeza de cientos de miles estalló la consigna: Todos a la Plaza.

“No desesperes Patria Hermosa
Con mi cuerpo y con mi alma
Yo te daré
Te daremos, los pobres de mi tierra,
Una cosa
Una cosa con P
PERÓN”

Y así comenzó la vida nueva para millones de argentinos. ¿Me pude hacer entender?

-          Clarísmo Eva, gracias…

-          También querías saber lo de la memoria.. ¿no?. Sabés que, José María, a veces pienso que pido demasiado, que soy una engrupida…


-          ¿Cómo es eso?

-          Cuando volví del viaje a Europa me terminé de convencer que Dios me había puesto donde estaba, no para gozar de los placeres del poder, sino para ser un puente entre los más humildes, los más pobres, los más débiles y el conductor del pueblo: el presidente Perón.
Y asi fue que guardé los trapos, los sombreros, los peinados y salí a buscar…a conocer a mi pueblo y entonces vi que aunque la revolución avanzaba rápido, la pobreza, las desgracias, las privaciones de los más humildes eran tantas, que faltaba tiempo y sobraban necesidades.
Le conté a ÉL, al presidente, el proyecto de la Fundación. Estuvo de acuerdo y me dio todo el apoyo posible. Me dejó hacer, actuar, meter mano donde pudiera.
Nunca amé tanto a un hombre como en esa época.
Y vi que millones compartíamos el ser amado pero no fui celosa. Nunca más pude ser yo, fui, sentí, sufrí los dolores de Cristo en los cuerpos atormentados de mis hermanos.
Todo el tiempo del mundo no alcanzaba para todo lo que había que hacer.
Vos sabés que me fui pronto de la lucha, pero ojo.. no fue por abandono. No pude con el cáncer, con todo lo que quería hacer…

-          Entiendo… entiendo… Pero vos… ¿querés estar en los libros de historia?
-           
-          No, mi amigo…. Yo sólo quiero que en el alma de las nuevas generaciones de argentinos haya un pequeño lugar para el recuerdo de una mujer que hizo todo lo posible por ayudar a su pueblo y que aquella vez su pueblo la llamó simplemente Evita.
¿Será mucho pedir?

-          No, creo que no… Te prometo que le contaré a mis hijos y a los hijos que de mis hijos vengan…
No te olvidaremos…

-          Eva, Eva… - dijo el ángel guardián – está amaneciendo, vamos que es tarde…

-          Es cierto, José María… tengo que llegar antes que pasen lista… Otra noche podemos encontrarnos…

-          No faltará oportunidad – agregué cortésmente. Y los acompañé en el ascensor para abrir la puerta de calle.

-          Hasta pronto – me dijo Eva.

Subí, entre a mi casa y me dispuse a despertarme.
Preparé el desayuno para los chicos, se fueron a la escuela, preparé mis cosas para el largo día que me esperaba… Al bajar me cruzo con Roberto, el encargado que me saludó y me dijo:

-          José María.. no sabía que atendías tan temprano. Una pregunta… ¿Esa chica rubia es alguien de la tele, no? Le vi cara conocida pero no sé de dónde la conozco…

Con el licenciado Van Helsing, mi analista, seguimos estudiando el suceso…

José María Di Bello



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