30 dic. 2014


Terminaba el año 2004 con un suceso tan trágico que por semanas marcó mis noches como, imagino, sucedió a tantas personas... 

Lo terrible, lo espantoso había sucedido la noche del 30 de diciembre en el boliche República Cromañon pero mi tarea comenzó a primerísima hora del 31 cuando, como integrante del equipo de salud en Cruz Roja, fui el encargado de coordinar el operativo de apoyo psicosocial a los padres y familiares que se acercaban a la morgue judicial.

Trabajamos junto a un centenar de voluntarios de las filiales de Capital y el Conurbano. Logramos ubicar un panel con fotografías para que los familiares no entren directamente a reconocerlos. Algo entre un mar de tristezas y sensaciones terribles...

Además de los voluntarios que se habían venido espontáneamente una treintena de psicólogos se sumaron a nuestra manera de organizarnos para acompañar a los familiares. Y muchas personas durante la jornada se acercaron a la morgue solidariamente trayendo agua u ofreciendo sus autos para llevar a familiares a recorrer hospitales .

Ese 31, con un calor terrible las personas, desorientadas, desgarradas, solidarias me ubicaban facilísimo... Qué extraño no? Me había platinado la cabeza el día anterior...

Fue algo tan devastador que aún hoy, 10 años después, recuerdo aquel fin de año como el más triste que me ha tocado vivir... 


Durante años quedó en mi cuerpo un registro de dos manos desesperadas que por la espalda se apoyaron en mis hombros, fuertes pero a la vez quebradas de dolor... era un momento en el que iba de la morgue al CGP que quedaba a dos cuadras por Junín, donde leíamos los listados de los que empezaban a reconocerse en los hospitales y que estaban vivos.

Mientras caminaba por Junín el padre de una víctima que me reconoció por mi platinado, me vio pasar y se tiró sobre mí por la espalda, desesperado, gritando "Mi Hijo, dónde está mi hijo..."

No se por qué pero esas manos cargadas sobre mis hombros quedaron registradas en la memoria de mi cuerpo...
Las recuerdo como manos grandes, fuertes pero a la vez extremadamente frágiles.
Me acuerdo que giré sobre mí para hablar con él, lo miré a los ojos y no pude decir nada inmediatamente, sólo apoye mi mano izquierda en su corazón, quedamos así unos segundos y entonces vino el abrazo y el llanto. Después supe que su hijo había fallecido.

Cuando volví a casa, estaba todo listo para el habitual festejo de fin de año y yo no podía desconectar, de hecho prendí la tv y seguía estando atento a la lectura de los listados.

Recién pude apagar la tele en el momento que escuché el nombre de una chica, era la hija de una señora que durante el día había estado tres veces con nosotros después de recorrer hospitales sin encontrar a su hija. Escuchar su nombre significó que había aparecido viva en algún hospital.

Fue allí cuando decidí apagar la tele y a eso de las 22hs cenar con mi familia.

Por alguna razón, el universo quiso que por unos segundos, yo fuera el hombro, el abrazo, la mano que acarició, la mirada que contuvo, el corazón que latió a la par del corazón de tu papá, de tu mamá, tu tía, tu hermano....

Por los pibes de cromañon, Memoria, Verdad y Justicia

José Maria Di Bello

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